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INSTITUCIÓN EDUCATIVA
DISTRITAL BEATRIZ GUTIÉRREZ DE VIVES
GESTIÓN ACADÉMICA
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GUÍA DE TRABAJO #1
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ÁREA O ASIGNATURA: sociales
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PERÍODO:1°
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DOCENTE: Lic. Luis
Chávez
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ESTUDIANTE:
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GRADO: 7-2
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TEMAS:AMERICA CARACTERISTICAS
DE LOS CONTINENTES.
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FECHA DE DURACIÓN:
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INDICADORES DE DESEMPEÑO:
Identifica las características propias de un
continente y océano , en especial el americano
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AMÉRICA
Segunda masa continental aislada más
grande de la Tierra. Comprende tres grandes conjuntos o subcontinentes:
Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica, tiene una extensión de
aproximadamente 42 millones de km2 y está poblado por más de
650 millones de habitantes. Las Américas es el nombre que a menudo se utiliza para
designar todo el hemisferio occidental. La palabra apareció por primera vez en
la Cosmographiae Introductio (Introducción a la Cosmografía),
editada y publicada en 1507 por el cartógrafo alemán Martin Waldseemüller. El
nombre deriva de Americus, el nombre de pila latinizado del navegante italiano
Amerigo Vespucci, cuyas expediciones al Nuevo Mundo describe la obra. Tal como
Waldseemüller usaba la palabra, América designaba específicamente las tierras
descubiertas por Cristóbal Colón, Vespucci y otros exploradores de las Antillas
y la costa del noreste de Sudamérica. El geógrafo flamenco Gerardus Mercator
usó la palabra América por primera vez para referirse a todo el hemisferio
occidental en un mapa del mundo editado en 1538.
CONTINENTE
Cada una de las unidades
de masa terrestre continua más extensas de la Tierra, formada básicamente por
sial, que se eleva desde el fondo oceánico.
CONTINENTE GEOGRÁFICO
Un continente se distingue
de una isla o una península, no sólo por su tamaño sino también por su
estructura geológica y evolución. Los continentes, por orden de mayor a menor
tamaño, son: Eurasia (convencionalmente considerada como dos continentes;
Europa, que entendida de forma individual es el penúltimo continente en cuanto
a extensión, y Asia), América, África, Antártida y Oceanía.
Los continentes suponen,
aproximadamente, el 29% del área total de la corteza terrestre. Al norte del
ecuador se encuentran más de dos tercios de la superficie de tierra
continental. Además, las masas continentales engloban plataformas continentales
sumergidas, que descienden suavemente desde el litoral de los continentes hasta
profundidades de unos 200 m; más o menos en este punto comienza un salto más
abrupto que se conoce como talud continental. Si se consideran las plataformas
continentales como parte de los continentes, la superficie continental total
aumenta hasta suponer el 35% de la superficie terrestre. Las islas que se
hallan en la plataforma continental de un determinado continente se consideran
parte del mismo. Un claro ejemplo de ello son Gran Bretaña e Irlanda en Europa,
el archipiélago malayo y Japón en Asia, Nueva Guinea, Tasmania y Nueva Zelanda
en Australia, y Groenlandia en América.
CONTINENTE GEOLOGICO
En geología, los continentes
se definen en términos de estructura de la corteza terrestre más que como áreas
de la superficie terrestre. Los geofísicos han estudiado estos rasgos a través
de los registros sismográficos de las ondas producidas por los terremotos y por
algunas experiencias de explosiones provocadas (ondas primarias y secundarias).
Sus datos indican que el centro de la Tierra es un núcleo caliente y denso, en
parte líquido, formado por níquel y hierro, de más de 6.000 km de diámetro.
Rodeando a este núcleo se encuentra un manto de roca sólida caliente de 3.000
km de espesor, con una parte formada por materia semiplástica. Este manto, a su
vez, se halla envuelto por la capa más exterior de la Tierra, la corteza, una
capa de roca relativamente fría cuyo grosor oscila entre los 5 km, debajo de
los océanos, y los 70 km que puede tener, como promedio, debajo de los
continentes.
Debajo de los océanos
la corteza consiste en una única capa de rocas basálticas oscuras y densas,
formadas en su mayor parte por minerales de hierro y magnesio. En los
continentes esta capa está sepultada bajo otra capa más gruesa de rocas más
ligeras, menos densas, formadas por aluminosilicatos. Debido a la diferencia de
densidad, las rocas más ligeras flotan sobre las basálticas. Por un principio
que se conoce como isostasia, en aquellas áreas en que las rocas más livianas
se elevan más, como ocurre en las grandes cadenas montañosas, también se hunden
a una mayor profundidad; por debajo de estas montañas, sus raíces más ligeras
se prolongan en las rocas oscuras de la corteza terrestre hasta profundidades
considerablemente mayores que las que se hallan bajo las vastas llanuras que se
encuentran en el interior de la mayoría de los continentes.
En la década de 1960,
los geólogos comenzaron a acopiar pruebas de que los continentes además de
flotar, es decir, de moverse hacia arriba y hacia abajo en la corteza
terrestre, también se desplazaban lateralmente yendo a la deriva. La teoría que
explica los orígenes y la historia de la deriva continental se denomina la
tectónica de placas. Al trazar las direcciones que habían tomado los
continentes, los geólogos descubrieron que la corteza terrestre y el manto
superior se dividían en un determinado número de placas semirrígidas, cada una
de las cuales tenía unos límites reconocibles y se movía como una unidad.
Algunas de estas placas tectónicas, como la del Pacífico o la de Nazca, están
formadas casi totalmente por corteza oceánica; otras, como las placas de
América y la euroasiática, están formadas básicamente por corteza continental.
Los límites de las placas se localizan en medio de los océanos o en zonas de
alta mar, o bien emergen del fondo del mar y se extienden por tierra firme. Uno
de estos lugares es California occidental, donde la falla de San Andrés, muy
propensa a los terremotos, marca el límite entre las placas de América del
Norte y la del Pacífico.
La distribución actual
de mares y tierras ha evolucionado durante cientos de millones de años, en los
cuales las masas de los continentes fueron a la deriva, se unieron por
colisiones, se desgarraron, se separaron y se volvieron a unir formando nuevas
combinaciones. Estos movimientos no parece que se hayan debilitado o que hayan
cesado, ni muestran signos de que lo vayan a hacer; por tanto, la distribución
del mar y la tierra firme continuará cambiando mientras que el planeta contenga
la energía necesaria para provocar el movimiento de las placas de su corteza.
Fragmento
de El origen de los continentes y océanos.
De
Alfred Wegener.
Capítulo
2.
Pero ¿cuál es la verdad? La Tierra no
puede tener más de un rostro a la vez. ¿Hubo puentes continentales, o bien
estuvieron siempre los continentes separados por mares profundos? Es imposible
rechazar la reivindicación sobre las antiguas conexiones terrestres si no
queremos renunciar por completo a comprender el desarrollo de la vida en la
Tierra. Pero es igualmente imposible rehuir los argumentos con los que los
partidarios de la teoría de la permanencia rechazan los intercontinentes
hundidos. Evidentemente, queda tan sólo una posibilidad: tiene que existir un
error oculto en las suposiciones tomadas como evidentes.
Este es el punto de partida de la
teoría movilista o teoría de la deriva. La suposición, tomada como evidente
tanto en la teoría de los puentes continentales como en la de la permanencia,
de que la situación relativa de los bloques continentales no ha cambiado
(prescindiendo de su cobertura de mares someros) debe ser falsa: los
continentes deben haberse movido. Suramérica debe haber estado junto a Africa y
formado con ella un único continente, escindido en el Cretácico en dos partes
que luego, como los fragmentos de un témpano agrietado, se separaron cada vez
más en el curso del tiempo geológico, pero los bordes de estos dos bloques concuerdan
todavía hoy. No sólo el gran codo en ángulo recto que forma la costa brasileña
en el cabo San Roque encuentra su negativo en el recodo de la costa africana en
Camerún, sino también al Sur de estos accidentes la forma de la costa es tal
que a cada saliente en la costa brasileña corresponde una bahía de igual forma
en la africana, y viceversa: a cada bahía en el lado brasileño un saliente en
el africano. Como puede comprobarse con el compás sobre un globo terrestre, las
distancias concuerdan con precisión.
Igualmente, Norteamérica ha estado
situada en el pasado junto a Europa, y formó un bloque único con ella y
Groenlandia, al menos desde Terranova e Irlanda hacia el Norte. Este bloque se
fragmentó a partir del Terciario Superior (y en el Norte incluso en el
Cuaternario) por medio de una fractura que se bifurcaba en Groenlandia, tras lo
cual los fragmentos se separaron unos de otros. La Antártida, Australia y la
India estaban situadas junto a Suráfrica hasta el comienzo del Jurásico,
formando con ella y con Suramérica un gran contienente único (parcialmente
cubierto por mares someros), que en el transcurso del Jurásico, el Cretácico y
el Terciario se fragmentó en bloques aislados, que luego derivaron en todas
direcciones. En el caso de la India, se trata de un fenómeno algo distinto:
inicialmente, un largo bloque cubierto casi totalmente de mares someros la unía
por completo al continente asiático. Tras la separación de Australia por una
parte (en el Jurásico Inferior) y por otra de Madagascar (en el límite entre
Cretácico y Terciario), este largo bloque fue plegado cada vez más por la
aproximación de la India a Asia, y constituye hoy una de las más poderosas
cadenas de montañas de la Tierra: el Himalaya y las cadenas vecinas.
También en otras zonas se presenta la
deriva continental en relación causal con el origen de las montañas: en la
migración hacia el Oeste de las dos Américas, su borde anterior se plegó en la
gigantesca cadena andina (que se extiende desde Alaska hasta la Antártida) a
causa de la resistencia frontal del fondo de la cuenca del Pacifico, muy
antigua, fría y, por tanto, rígida. También junto al continente australiano,
sólo separado de Nueva Guinea por un mar de plataforma, se encuentran las
elevadas montañas de Nueva Guinea, formadas recientemente y también en el borde
anterior en el sentido del movimiento; antes de su separación con respecto a la
Antártida, la dirección de su movimiento era distinta: la actual costa Este era
entonces el borde anterior. Entonces se plegaron las montañas de Nueva Zelanda,
que se extendían inmediatamente delante de esta costa, y a continuación y
debido a los cambios en la dirección de la deriva, se desligaron y retrasaron,
formando arcos de islas. Las actuales cordilleras del Este de Australia
surgieron en una época anterior; se formaron al mismo tiempo que los pliegues
más antiguos en Norte y Suramérica, los que constituyen la base de los Andes
(Precordillera), en el borde anterior de la masa continental que migraba como
un todo antes de la fragmentación.
El citado proceso de la separación de
Nueva Zelanda (primero cadena marginal, luego arco de islas) del continente
australiano nos lleva a considerar el fenómeno al otro lado de los continentes
en movimiento, donde los fragmentos quedarían retrasados en la migración de los
grandes bloques, sobre todo cuando ésta tenía lugar hacia el Oeste. Así, las
cadenas marginales se segregan en el borde oriental del continente asiático
para formar arcos insulares; así quedan atrás las Pequeñas y Grandes Antillas
con respecto al bloque centroamericano, lo mismo que el llamado arco de las
Antillas del Sur, entre la Tierra de Fuego y la Antártida occidental; incluso
todos los continentes que se estrechan en dirección meridional presentan una
curvatura hacia el Este del extremo aguzado, debido a un retraso relativo en la
deriva. Como ejemplos, citaremos el extremo Sur de Groenlandia, la plataforma
submarina de Florida, la Tierra de Fuego, la Tierra de Graham o la fragmentada
Ceilán.
Se puede observar sin dificultad que
esta exposición global de la teoría de los desplazamientos se basa en la
suposición de que los fondos marinos y los continentes están compuestos de
distintos materiales, que en cierta medida representan diferentes niveles de la
Tierra. El más extremo, representado en los continentes, no cubre toda la
superficie terrestre (como veremos, quizá sea más correcto decir que no la
cubre ya), y los fondos marinos representan la superficie libre del siguiente
nivel de la Tierra, que asimismo se supone que existe bajo los continentes.
Este es el aspecto geofísico de la teoría movilista.
Si tomamos la teoría de la deriva como
base, podemos satisfacer todos los requisitos legítimos, tanto de la teoría de
los puentes continentales como de la teoría de la permanencia. En concreto,
esto quiere decir que hubo conexiones entre los continentes actualmente separados,
pero no intercontinentes que luego se hundieron; y que hay permanencia, pero no
de cada océano o continente individual, sino del área de los continentes y del
área de las cuencas marinas en su conjunto.
La argumentación detallada de esta
nueva teoría constituirá el contenido principal de este libro.
Fuente: Wegener, Alfred. El
origen de los continentes y océanos. Madrid: Ediciones Pirámide, 1983.
Teniendo en
cuenta lo leído anteriormente responda
1.¿De donde surge el
nombre de América?
2 ¿Que es un continente?
3.Cuáles son las principales características de un continente
4.Cuáles son los continentes
5.Qué islas hacen parte del continente Europeo
6.Que es el centro de la Tierra
7. En que consiste la isostasia
8.Qué es tectonica de placas
9. Donde limitan las placas de América del
norte y la del pacifico
10.En que consiste el fragmento del origen de los continentes de Alfred
Wegener.
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